Publicado en PSICOLOGIA, UNED, UOC

¡Mamá, quiero ser psicóloga!

Hola a todos, me llamo Ana Morales y tengo 43 años, es decir, estoy sumida de lleno en la famosa crisis de los 40, una etapa vital que afecta de forma diferente a la gente. Los hay que se compran un descapotable o se buscan un amante. Otros deciden hacerse amigos en facebook de todos los cirujanos plásticos del país para que les pongan, les quiten, les suban o les bajen lo que sea. Otro grupo decide vestirse de veinteañeros con la ilusión de que, al menos de lejos, se les confunda con la juventud, divino tesoro. Y luego, están los raritos que como no tienen el cuerpo para amantes, ni pasta para descapotables, retoques estéticos, ni sesiones de personal training, pues deciden apostar por la intelectualidad y las “gafa pasta”, entre otras cosas porque sin ellas no ven tres en un burro. Pues bien, yo soy de estas últimas, del grupo rarito o “friki”. A mí la crisis me ha dado por estudiar, porque soy muy feminista y no me gusta que me vean como una mujer objeto, yo quiero que se me reconozca por mi inteligencia y mi coeficiente intelectual. Chissst…, no lo reconoceré jamás en publico pero de vez en cuando, también me gustaría que me recordaran como la buenorra, pero en fin, a estas alturas de la historia, nos conformamos con la inteligencia (aceptamos barco como animal acuático).

Otro aspecto de mi vida que merece una mención, es que me encuentro camino de mi tercera reencarnación. Todavía estoy viviendo en la segunda, pero ya me he comprado el billete de tren con destino a la tercera. ¿Y por qué digo ésto?, porque hace 26 años que le canté a mis padres la famosa cancioncilla: “¡Mamá, quiero ser artista!”. En mi caso artista del pico y la pala, de los bidones de petróleo y de las interpretaciones sísmicas. Cancioncilla que mis padres no se tomaron muy bien, todo hay que decirlo. Eso de que su niña lista, con esas notazas en selectividad, quisiese ser geóloga en lugar de ser ingeniera o doctora, no entraba en los planes familiares. En ese punto, ni hablar de decir que quería ser psicóloga y pasarme el día entre gente a la que les faltaba un par de tornillos… Pero como la profecía autocumplida o efecto Pigmalión es cierta, pues cuando acabé mis cinco añitos de universidad, lo más cerca que llegue a estar de un barril de petróleo fue en una gasolinera. Y como no podía dar mi brazo a torcer y dar la razón a los “pigmaliones”, pues me puse a buscar un curro en el que al menos tuviese que presentar mi recién estrenado título de geología. Y ahí comenzó mi primera reencarnación, cuando empecé a trabajar en una multinacional que se dedicaba  a actualizar los sistemas informáticos de los grandes bancos españoles y sus bancos satélites en Iberoamérica. Yo, que nunca me había montado en un avión, iba caminito de Caracas. Yo, que no sabía lo que era un ordenador, me ganaba la vida programando seguros, prestamos, garantías y hasta el call center de morosos. Vamos que el COBOL/CICS/DB2 se parecía a un corte geológico lo que un huevo a una castaña. Pero ahí estaba la catirita dandole a la tecla mientras daban un golpe de estado contra Chavez, y a los tres días volvía de nuevo al gobierno. ¿Parte positiva del miedo que pasamos?, la semanita con cargo a la empresa en Aruba…, ufff, es que la situación estaba muy, muy, muy peligrosa en Venezuela.

Después de un tiempo codeándome con los directivos de banca, vino mi segunda reencarnación. Un día estaba en el sitio adecuado, en el momento adecuado, hablando con la persona adecuada cuando me preguntó: “¿Y a ti no te interesaría volver a la geología?”. Hombre, volver, volver…, es que no me acuerdo de nada, y hasta he tirado los apuntes, pero vale, ¿quién dijo miedo?. Así, 9 años después de acabar la carrera y sin ninguna experiencia, hacía mi entrada triunfal en una petrolera española con muchas gasolineras y un equipo de motos. Y para que aprendiera algo y me hiciera una mujer de provecho me mandaron a Libia, con mi amigo Gadafi. Allí estuve hasta que una madrugada tuve que salir con tres niños pequeños y lo puesto porque los libios decidieron adelantar la primavera árabe al mes de febrero y derrocar al excéntrico Muamar y la que se lió fue buena. Y aquí estoy, viviendo de pleno mi segunda reencarnación, ya me he convertido en una mujer de provecho, es decir en una geóloga senior y hasta me cambié de país. Ahora vivo en Noruega y dada la tendencia a montar el lío lo más probable es que logre que los noruegos dejen de tener el país más envidiado, por el resto de los europeos. Ya estoy manos a la obra, no creáis. Por ahora el país está en clara recesión económica por la bajada del crudo, así que por favor, alguien que se lo diga a los noruegos, que aun no se han enterado.

Pero a mi, la verdad que esto de la geología me parece un rollo, lo hago y honestamente, no se me da mal, pero es muy aburrido, todo el día pintando rayitas de colores y haciendo mapitas. Así que hace unos años decidí que había llegado el momento de lanzarme a buscar los tornillos perdidos de la humanidad y de paso conocer a otros psicólogos, que en plan amiguetes, me hicieran descuento en mis numerosas terapias: falta de autoestima, estima demasiado alta, depresión, ansiedad, me como una tableta de chocolate en una sentada etc., etc., etc. Después de un fracaso estrepitoso en la UNED, acabe aterrizando en la UOC. Cuando empece en septiembre de 2016, mi única aspiración era sacar un cinco e ir aprobando como fuese las asignaturas. Aún recuerdo una conversación que me sonaba a ciencia ficción, a principios de semestre, con una compañera sobre los requisitos para sacar matricula de honor. Pero me he enviciado y entre que el temita me encanta, que en Noruega hace mucho frío y que no se me da mal empollar, pues tengo tal colección de A en el expediente que mis hijos han empezado a odiarme porque ya sabes, las comparaciones son odiosas, pero que te comparen con tu “vieja” ya es el colmo. Pero como son hijos y su función es dar disgustos a los padres, pues no me pasan ni una y me han amenazado con echarme de casa si las notas bajan, cría cuervos… Por eso he pensado que si puedo ayudar a otros compañeros con mi experiencia y si vivimos este largo proceso de convertirme en psicóloga juntos, será mucho más divertido y además por cada “like” que deis,  conseguiréis descuentos en vuestros tratamientos futuros. Porque por encima de todo: “Mamá, quiero ser psicóloga”.

12 comentarios sobre “¡Mamá, quiero ser psicóloga!

  1. Hola Ana: Muy divertida tu primera entrada. Creo que puede funcionar tu reencarnación, tienes experiencia con piedras y con avariciosos, dos de las catervas más duras de tratar, peor que eso no puede haber nada, si acaso los hijos, parejas, jefes, compañeros y amigos, pero solo eso. Mucha suerte

  2. Ana! Me encanta la idea de tu tercera reencarnación y poder ser (un poquito ) parte de ella. Ah,y a mi me gustan tus mapitas de colores 😅. Eres una crack . Muak

  3. Nunca dejas de sorprenderme, Ana. Me han traído muchos recuerdos de la etapa que vivimos juntos en aquella importante multinacional de tecnologías de la información, qué tiempos!! y la esperanza de qué quién tiene un sueño tiene un tesoro, porque puede hacer que se cumpla y, en tu caso, sigues luchando por alcanzarlos. Enhorabuena, amiga, sin duda te lo mereces!!

    1. Gracias Alvaro!!!!. Sabes de qué me acorde cuando te leía?. Cuando pasó lo del golpe de estado, me llamaste porque como era la que más tiempo llevaba en el país, la embajada española se tenía que poner en contacto con alguien y me tuve que hacer un listado de gente, con el numero de pasaporte y no se que más para enviártelo… Qué tiempos!!!!! Y cuánto ha llovido desde entonces!!!! Espero que nos veamos en todas nuestras reencarnaciones, tú también llevas las tuyas… Un beso

  4. Me quito el sombrero!!
    Después de recordar alguna de esas anécdotas, envidia me das del presente, aunque reconozco que no todo lo pasado ha sido malo….
    Ganas de seguirte….. Animo mi Ana! Tú puedes con todo!

  5. Muy bonito el blog y la entrada. Servidor tiene también unas cuantas reencarnaciones…. Son las vueltas que da la vida e intuyó que te dio unas cuantas. Es cuestión de no venirse abajo y reciclarse. A seguir.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *