Publicado en DOLOR EMOCIONAL

Cuando el “dolor” llega así de esa manera, uno no se da ni cuenta…

Hace años, cuando vivía en Venezuela, reponían en televisión una telenovela que se llamaba “Caballo viejo”. La sintonía es una famosa canción llanera venezolana, que ha sido versionada por muchos cantantes, entre ellos el mítico Julio Iglesias o Celia Cruz.   La canción empieza diciendo que “cuando el amor llega así de esa manera, uno no se da ni cuenta…”. Y así, de esa manera, llegó la canción a mi mente esta mañana, pensando que el dolor es como el amor, que llega así de esa manera y uno no se da ni cuenta… y que una vez que llega, lo hace para instalarse, como esos huéspedes incómodos, que ni con agua caliente se les consigue echar.

No voy a entrar a contaros mi vida durante los últimos meses, más que nada, porque es muyyyyy aburrida, así que os voy a ahorrar el pestiño. Pero sí, va un trocito de mí en este post porque hace unos días leí un artículo sobre cómo superar el dolor emocional. Quiero dejar claro que no sé si funciona el chuletario que dan, pero por probar que no quede. Yo en estos casos siempre pienso, ¿y si funciona?.

Vamos al lio.

Estamos acostumbrados a convivir con el dolor. Forma parte de nuestra vida. Ya lo decía la serpiente más famosa de la historia, “parirás con dolor…”. Sabemos que cuando nos duele la cabeza, nos tomamos un paracetamol y listo. Pero, ¿qué ocurre cuando ese dolor no afecta a un órgano tangible?, ¿cuándo por muchos paracetamoles, valiums o lorazepanes que nos tomemos no desaparece y permanece durante días, semanas o meses martilleando lo más profundo de nosotros como si de una jaqueca o de un dolor de muelas sin fin se tratase? Pues pasa que, si no atajamos el problema, nuestra calidad de vida se va a resentir, igual que le ocurre a una persona con migraña crónica o úlcera. No solo se resiente nuestra vida, sino la del entorno que nos rodea.

¿Y cuáles son las causas de ese dolor emocional?, para cada uno, las suyas. Esto es como el “culete”, cada uno tenemos el nuestro: la pareja, la falta de pareja, el trabajo, el desempleo, la pérdida de un ser querido, la excesiva presencia de uno no tan querido… Para cada uno, su problema es su mundo y no siempre entendemos el dolor del otro. Hay problemas universales, como el fallecimiento de un familiar, con los que es fácil empatizar. Otros nos pueden parecer chorradas y sin sentido, pero no por ello son menos dolorosos para la persona que lo sufre. Es un símil estúpido, pero a mí cuando se me rompe una uña, me paso toda una tarde empitonada. Cualquiera pensaría, “hija mía, con la cantidad de guerras que hay en el mundo…”, pero para mí es un drama de dimensiones bíblicas porque me muerdo las uñas y sé que el siguiente paso va a ser igualar el resto de uñas, a veces incluidas las de los pies, para que la pobre uñita no se sienta discriminada.  Adiós semanas y semanas de fuerza de voluntad. Es decir, detrás de un dolor emocional, nunca sabemos las batallas internas que alguien está librando.

Las formas de sobrellevar ese dolor son infinitas, para gustos los colores. Por ejemplo, yo soy de encerrarme en mi misma, de meterme en mi “cuevita” y no querer ver, ni oír a nadie: solo “Acacias 38”, “Servir y proteger” y “Amar es para siempre” (ya sabéis que soy muy fan de las telenovelas) y por supuesto “Crímenes imperfectos” (se sabe que las novelas de asesinatos son una buena terapia para la gente con depresión y no bromeo). También suelo trabajar como si fuera una work-alcoholic (ésto últimamente me pasa menos, lo reconozco) y me puedo meter entre pecho y espalda una tableta de chocolate sin despeinarme. Esa soy yo. Otros hacen deporte (muy cansado), van de compras (muy cansado, el chocolate encoge la ropa) o hacen un Marie Kondo en casa (ahhh, ¿que no sabéis quién es Marie Kondo?, pues una tía que se está forrando a base de decirte que tires todo lo que no uses a la basura).

Ana!!!!, recondúcete al tema del post que te pierdes. Resumiendo, que los dolores son muy diferentes y variados y cada uno los vive y se recrea en ellos como puede o como quiere. Pero, ¿qué ocurre cuando no queremos seguir en esa espiral?, ¿cuándo necesitamos salir de ese pozo?, ¿cuándo las tabletas de chocolate dejan de surtir efecto?, ¿cuándo un día te levantas y te dices a ti mismo que las cosas no pueden seguir así y que tienes que hacer algo para renovarte? Por favor en este último caso, recomiendo no ir a la peluquería y decir: “corte como si no hubiese un mañana”. A la mañana siguiente, porque siempre hay un mañana, querrás meter la cabeza en una bolsa de plástico. Conclusión: ahora tienes dos dolores emocionales, en lugar de uno solo. Hablo desde la experiencia.

Vale. Ya nos hemos levantado el día D y nos damos cuenta que queremos superar el dolor emocional. Pero ¿ahora qué?, ¿cómo lo hacemos? Según los expertos hay diez formas para superar ese dolor, yo las he agrupado en ocho porque tampoco es cuestión de repetirse como el gazpacho. Vamos a ir viéndolas una a una.

1) Reconocer el dolor que estamos sufriendo.

Este punto, que parece de perogrullo, es el “kickoff” del asunto. Consiste en ese momento en el que asistes a una reunión de comedores anónimos de chocolate, te sientas en corro y de pronto armándote de todo tu valor, te levantas y dices esa frase mítica: “Hola, me llamo Ana y soy chocoadicta”. Entonces todos te aplauden y te dicen: “Ana, te queremos”. Esto que así contado puede sonar estúpido es de una importancia brutal. Necesitamos reconocer nuestro problema, nuestro dolor. Solo si somos capaces de expresarlo, de sentir que no estamos solos, que no somos bichos raros y que hay más gente pasando por lo mismo…, solo entonces, podremos empezar a caminar.

Y para que veáis que detrás de la broma, del sarcasmo, está la necesidad de superar mi dolor emocional, empiezo este ejercicio por mí misma: “Hola, soy Ana y estoy triste porque mi madre falleció hace un mes y no sé cómo superar la sensación de soledad que me invade, pese a estar rodeada de gente que me quiere”.

2) Ser cariñoso con uno mismo.

¡Hala!, vamos por el segundo punto chorra…, ¿seguro?, ¿seguro que es una chorrada perdonarnos la vida a nosotros mismos en plan Clint Eastwood? A mí me encanta la frase, “con amigos como éstos quién necesita enemigos” porque es una verdad como un templo. ¿Para qué necesito a mi peor enemiga, si me basto yo sola para torturarme, para machacarme, para pesarme todos los días, para querer enfundarme en una talla 38 cuando uso la 46? Jolín, yo soy mi propio killer (eso me pasa por ver tantos crímenes imperfectos…).

A mí esto me parece muy difícil, la verdad. Pero he decidido dejar de ser una superwoman. No sé cómo se hace y si alguien tiene ideas, se lo agradeceré y tendrá su recompensa en forma de 2×1 en sesiones de terapia cuando acabe. Por lo pronto, he decidido convertirme en Clint, sombrero incluido y perdonarme la vida, recordándome que “No soy perfecta, pero sí soy única”. A ver si a base de recordármelo todos los días termino por interiorizarlo…

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3) Ser honesto con uno mismo y con los demás.

A estas alturas del post, más de uno piensa que se me ha ido la pinza y que estoy peor que hace un año cuando publique mi última entrada (wow, ¿hace ya un año?, ¿soy un año más vieja?, toma ya…, otro dolor emocional que superar…).

Pero si os cuento que mi vida esta del revés desde hace seis meses, que ni física ni anímicamente me siento bien, que no sé cómo salir adelante y que a veces mis comportamientos erráticos, mi mal humor, mis malas contestaciones y mi falta de alegría se deben a la batalla que libro dentro de mí, ¿verdad que muchos de vosotros empatizáis conmigo?, ¿verdad que entendéis esa salida del tiesto mía, que os dejo descolocados porque no sabíais a que se debía?, ¿verdad que entendéis porque no he escrito más posts o he estado ausente en Facebook? ¿a que ya no estáis tan enfadados conmigo por olvidar vuestro cumple o no llamaros tanto como esperabais? Exacto, los demás no saben que pasa por nuestra cabeza, a menos que se lo expliquemos. Y si se lo contamos, nos van apoyar y como me decía una buena amiga en su no-regaño: “aquí estamos para hablar y para ayudarte, pero tienes que decir lo que te pasa”.

4) Habrá gente que no te comprenda y gente que te sorprenderá.

¿Qué no me comprendes?, ¿qué te importa un pepino mi dolor? Pues vale, no me importa. Hay gente que tiene la sensibilidad de una apisonadora, pero aun así les quiero porque hay que conocerla para quererla y dependiendo del día ni, aun así. Pero no temáis que no os voy a borrar del Facebook (ya lo hice el sábado en la noche), ni a hacerme un muñeco vudú con vuestro careto. Eso sí, me vais a caer mal algunos días, los lunes, por ejemplo, el resto de la semana, simplemente os ignoraré.

Por suerte, la inmensa mayoría de la gente que me rodea es muy sensible, empática y me quiere. Es comprensible, porque soy adorable. Ufff, ¿me he pasado tres pueblos?, noooo, recuerda Ana: “No eres perfecta, pero si única”. A mi este lema se me queda corto. Debería considerar cambiarlo a: “Soy perfecta, única e insustituible” para aquellos momentos en los que me vengo arriba.

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Así que para aquellos que me comprendéis, desde aquí MUCHAS GRACIAS POR SOPORTARME. Yo sé que no es fácil estar ahí, pero quiero que sepáis que os lo agradezco y ésta no se me olvida. Y a los que no me comprendéis, ni apoyáis, que os zurzan…, espera, quizás no sea eso lo que deba decir. Rebobino y empiezo en modo polite on: y a los que no me comprendéis, ni apoyáis…, que carajo, que os den por donde amargan los pepinos. Full stop.

5) Averiguar el motivo del dolor.

Cuando mis hijos eran bebes y lloraban porque estaban enfermos, me desesperaba porque no sabía que les dolía, o me decían, la tripa, pero su concepto de tripa abarcaba desde el cogote hasta las rodillas. No sabían que les dolía, pero tenían pupa. Con el dolor emocional, pasa lo mismo: tienes pupa pero no sabes donde. Pero la solución a ese dolor varía dependiendo de su localización. Quizás te duele la cabeza porque has pasado muchas horas jugando a la Play, o quizás te duele la tripa porque has comido muchas chuches.

Descubrir cual es el origen de ese dolor emocional me parece lo más complicado del mundo mundial. En mi caso, es fácil: una pérdida irreparable, un sentimiento de soledad…, pero no siempre es así de claro. A veces no somos capaces de averiguarlo por nosotros mismos y necesitamos la ayuda de otros, un amigo o por que no, un especialista, en este caso un psicólogo. No hay miedo, hay que aprovechar todos los recursos a nuestro alcance para salir del agujero en el que estamos.

6) ¿Tiene solución? ¿no tiene solución?.

Los que sois de mi generación recordareis unos libros que se llamaban “Elige tu propia aventura”. Eran muy divertidos y sobretodo novedosos en su época porque el lector podía tomar las decisiones sobre la forma en que debían actuar los personajes, modificando el desarrollo de la trama. En cierto momento de la historia te encontrabas en la encrucijada de elegir entre dos acciones. Llegados a este punto, una vez que nos hemos reconocido a nosotros y a los demás que tenemos pupita, una vez que hemos decidido dejar de castigarnos, una vez que tenemos el apoyo de los que nos quieren y el camino libre de los que no nos quieren, una vez que hemos descubierto el origen de nuestro problema, nos encontramos ante la siguiente disyuntiva:

  • Si crees que tu problema tiene solución, pasa a la página 10.
  • Si piensas que tu problema no tiene solución, pasa a la página 23.

Como en las historias de esos libros, en la vida hay muchos finales, unos buenos y otros no tan buenos.

Página 10

Si tu problema tiene solución, pues ya está, solucionado. Ya sabes lo que hay que hacer y si no lo sabes, pide ayuda a un profesional. Suerte y al toro.

Página 23

Si tu problema no tiene solución…, ajo y agua. Solo queda una salida y es aceptar las cosas tal y como son y tratar de llevarlas lo mejor posible.

En mi caso, la pérdida irreparable me lleva a la página 23. Solo el tiempo y el proceso del duelo terminaran reparando mi alma, aunque sea duro. Mi sentimiento de soledad, de orfandad, me llevan a la página 10. Y necesitaré ayuda, ¿alguien que me ofrezca un 2×1?. Gracias.

7) Tener fuerza de voluntad.

Tanto para aceptar que no puedes cambiar las cosas, como para cambiarlas necesitamos mucha fuerza de voluntad. Lo peor de todo es que estamos tan vulnerables, tan débiles… que es difícil sacar fuerzas de donde no las hay. Es el momento de recordar que no somos superman o superwoman, que no somos nuestros enemigos sino que nos queremos, que no estamos solos, y que podemos con esto y con más, por nosotros solos o en compañía de otros (como en el crimen de los Urquijo).

Mis fuerzas son las justas, pero hay que intentarlo, ¿no?. De los cobardes no se dijo nunca nada bueno.

8) Tomar el control de nuestra vida.

¿Alguna vez os habéis parado a pensar que hubiera ocurrido si los dinosaurios no se hubieran extinguido?. Aunque la masiva extinción del final del cretácico pueda ser considerada como un drama, sobretodo si eras dinosaurio, todos los científicos coinciden en afirmar que esa extinción contribuyó a que los mamíferos se diversificaran rápidamente y evolucionaran a otros nichos. Y de ahí, a nosotros. Es decir, una tragedia de tintes planetarios, tuvo unas consecuencias positivas: la aparición del hombre.

¿Estamos seguros que una mala etapa es sinónimo de que nuestro futuro es negativo?, a lo mejor es el impulso que necesitamos para dar el salto y tomar las riendas de nuestra vida. Si quieres verlo desde otro ángulo, peor que ahora es imposible, ya solo queda mejorar…

En estos pensamientos me encuentro. Quizás ha llegado el momento de avanzar con paso decidido hacia el futuro, buscar nuevas metas, nuevos retos, sumando positividades y eliminando negatividades. ¿Y si la perdida de mi madre, ha sido el revulsivo, el meteorito que necesitaba para que se extinguiera la antigua Ana y en su lugar apareciera una nueva Ana?. Quizás las cosas pasan porque tienen que pasar y en nuestra mano está que las usemos para crecer o destruirnos.

Uffff, ahora no se como acabar este tostón que os he metido porque me siento extraña. No quería que fuese un post personal, pero yo soy así, temperamental e imprevisible, blanco o negro, sin matices grises y he terminado desnudando mi alma. Por otro lado me siento liberada porque me he aplicado cada uno de los puntos, visualizándolos en mi realidad y siento que me he quitado un peso de encima. Va a ser verdad que eso de presentarse ante un grupo de gente y decir: “Hola, me llamo Ana y echo de menos a mi madre” mitiga un poco el dolor. Os animo a hacerlo, cada uno en su “culete”.

Si os apetece leer el artículo original, aquí os lo dejo:

Corbin, J.A. Las 10 claves para afrontar el dolor emocional. Psicología y Mente. Recuperado el 26 de junio de 2018 en https://psicologiaymente.net/psicologia/claves-afrontar-dolor-emocional.

 

8 comentarios sobre “Cuando el “dolor” llega así de esa manera, uno no se da ni cuenta…

  1. Hola Ana, siento mucho la muerte de tu madre. Muy bonito lo que escribiste y al llenarlo de humor le das la humildad que permite que le llegue a todos. Espero que el recuerdo vivo de tu madre te acompañe siempre, con la misma tranquilidad con la que te acompañó en vida.

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